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Archive for January, 2010

Viviendo en el borde

 

Zopilotes Cabecirrojos Locales
26 de enero del 2010

El primer Zopilote Cabecirrojo del año para “Hawk Mountain”, un individuo solitario, fué visto en el Valle de Kempton el martes pasado (20 de enero). Dan Hinnebush y Wendy Frew, quienes estaban realizando su censo en carretera semanal de rapaces en campos agrícolas al este del Santuario, lo vieron más o menos a la mitad de su conteo. El año pasado, los primeros zopilotes fueron 11 -en un grupo, y se vieron a inicios de Febrero. Nuestros últimos zopilotes del año, se ven típicamente a finales de noviembre.

El destino quizo que el Valle de Kempton y la cadena montañosa Kittatinny se encuentren directamente al norte de la línea este-oeste que demarca el límite más al norte de residencia anual para los zopilotes en nuestra área. Entonces, si viajo 16 kilómetros al sur del Santuario puedo ver zopilotes cabecirrojos todo el año, pero si doy vuelta y viajo 16 kilómetros al norte de Hawk Mountain es imposíble verlos de mediados de diciembre a mediados de enero. Es claro que algunos individuos vagan hacia el norte del borde en el medio del invierno, pero en su gran mayoría, los zopilotes cabecirrojos no son parte del paisaje aéreo del Santuario a finales de diciembre y principios de enero. La razón de su predecible partida estacional, es como en toda migración, la falta de recursos esenciales, pero todavía no es claro si estos recurson son comida suficiente, longitud apropiada del día, o temperaturas razonables durante la mañana. Tal vez los tres factores están involucrados.

El vivir a lo largo de la frontera del rango de invierno para una especie migratoria es exitante. Aunque muchos de mis colegas consideran los mapas de rangos meras abstracciones de las distribuciones actuales de las aves que estudian, aquí en Pensilvania del Este mi oficina se encuentra cerca del borde de del rango de distribución anual de las aves que estudio, y en esta época del año, espero ansiosamente verlos llegar afuera de mi oficina.

Desde que capturamos por primera vez a “Butterball” en el verano del 2003, hemos puesto unidades de seguimiento por satélite en una docena de zopilotes cabecirrojos en Pensilvania del Este, ninguno de los cuales se ha aventurado al norte del Santuario en el invierno. Algunos han pasado el invierno no más lejos que el sur de Pensilvania, mientras que otros han viajado ida y vuelta hacia Carolina del Sur, Georgia y el sur de Florida. Uno de los zopilotes marcados pasó el invierno en Florida un año y en Carolina del Norte el siguiente. Aunque las variaciones en los movimientos de estas aves son confusas, igual intrigan.

Casi con seguridad, el movimiento de nuestras aves está íntimamente ligado al de otros zopilotes cabecirrojos sin marcas, de cuyos movimientos para allá y acá desconocemos totalmente. El seguimiento por satélite está ampliando nuestro entendimiento de la migración de las aves de presa a pasos agigantados, pero será hasta que podamos seguir sumultáneamente “barriadas” de rapaces, especialmente de especies altamente sociales como el Zopilote Cabecirrojo, que podremos observar “por un agujero muy pequeño” en nuestros esfuerzos por determinar qué los hace viajar de maneras tan diferentes.

Sigan en sintonía,
Keith L. Bildstein

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25 de enero del 2010
por Corinne Kendall

Cuando las personas preguntan que describa un animal, digamos un buitre o un hipopótamo, o un avestruz, ellos esperan que la respuesta sea válida para todos las especies que se agrupan bajo estos nombres. ¿Qué hacen los buitres? Como si los buitres fueran todos iguales. Pero como toda persona que tenga un perro dice, tal como las personas, hay grandes diferencias entre individuos. Tal vez los animales también tienen personalidad. Cuando veo los movimientos de los buitres, usualmente busco tendencias -una respuesta para describir lo que hace una especie. Pero aún con datos de pocos individuos, pueden existir grandes diferencias.

Tomen a Roger como ejemplo, él es un Buitre Moteado. La semana pasada, fué rápidamente desde el Parque Nacional Amboseli al área de conservación Shompole al sur de Kenia. Primero, este comportamiento no es típico. Niguno de estos sitios (Amboseli o Shompole) son conocidos por su abundante vida silvestre, al menos comparada con la de Serengeti y Masai Mara. Entonces, parece extraño que un ave carroñera pase mucho tiempo fuera de áreas con abundante vida silvestre. Y más extraño aún son las diferencias entre Roger y Rara, otro Buitre Moteado. Mientras Roger viajó casi 160 kilómetros esta semana viajando entre los parques, Rara estuvo en el mismo sitio toda la semana y no viajó ni 32 kilómetros, pasando el tiempo apenas fuera del cráter Ngorogoro. ¿Cómo puede un ave que está diseñada para volar grandes distancias eficientemente (los buitres y zopilotes pueden ser las aves planeadoras más eficientes en el mundo) quedarse en el mismo sitio toda una semana? La comida ahi debe de ser genial.

Dos aves en el bosque

Tal como los buitres moteados, las diferencias entre individuos de buitres dorsiblancos africanos es enorme. Homer realizó un viaje en forma de “S” desde el oeste del Parque Nacional Tsavo, viajando rápidamente a Serengeti y luego a Masai Mara otra vez. El viajó, probablemente, más de 480 kilómetros esta semana. Quagmire, otro Buitre Dorsiblanco, tomó una ruta diferente, aunque terminó la semana casi en el mismo sitio que Homer. Quagmire estuvo la semana pasada viajando por el Mara hasta el Narok, haciendo un viaje rápido de 64 kilómetros (probablemente en menos de dos horas) al sur de Serengeti, donde esta en este momento.

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26 de enero del 2010

El primer Zopilote Cabecirrojo del año para “Hawk Mountain”, un individuo solitario, fué visto en el Valle de Kempton el martes pasado (20 de enero). Dan Hinnebush y Wendy Frew, quienes estaban realizando su censo en carretera semanal de rapaces en campos agrícolas al este del Santuario, lo vieron más o menos a la mitad de su conteo. El año pasado, los primeros zopilotes fueron 11 -en un grupo, y se vieron a inicios de Febrero. Nuestros últimos zopilotes del año, se ven típicamente a finales de noviembre.

El destino quizo que el Valle de Kempton y la cadena montañosa Kittatinny se encuentren directamente al norte de la línea este-oeste que demarca el límite más al norte de residencia anual para los zopilotes en nuestra área. Entonces, si viajo 16 kilómetros al sur del Santuario puedo ver zopilotes cabecirrojos todo el año, pero si doy vuelta y viajo 16 kilómetros al norte de Hawk Mountain es imposíble verlos de mediados de diciembre a mediados de enero. Es claro que algunos individuos vagan hacia el norte del borde en el medio del invierno, pero en su gran mayoría, los zopilotes cabecirrojos no son parte del paisaje aéreo del Santuario a finales de diciembre y principios de enero. La razón de su predecible partida estacional, es como en toda migración, la falta de recursos esenciales, pero todavía no es claro si estos recurson son comida suficiente, longitud apropiada del día, o temperaturas razonables durante la mañana. Tal vez los tres factores están involucrados.

El vivir a lo largo de la frontera del rango de invierno para una especie migratoria es exitante. Aunque muchos de mis colegas consideran los mapas de rangos meras abstracciones de las distribuciones actuales de las aves que estudian, aquí en Pensilvania del Este mi oficina se encuentra cerca del borde de del rango de distribución anual de las aves que estudio, y en esta época del año, espero ansiosamente verlos llegar afuera de mi oficina.

Desde que capturamos por primera vez a “Butterball” en el verano del 2003, hemos puesto unidades de seguimiento por satélite en una docena de zopilotes cabecirrojos en Pensilvania del Este, ninguno de los cuales se ha aventurado al norte del Santuario en el invierno. Algunos han pasado el invierno no más lejos que el sur de Pensilvania, mientras que otros han viajado ida y vuelta hacia Carolina del Sur, Georgia y el sur de Florida. Uno de los zopilotes marcados pasó el invierno en Florida un año y en Carolina del Norte el siguiente. Aunque las variaciones en los movimientos de estas aves son confusas, igual intrigan.

Casi con seguridad, el movimiento de nuestras aves está íntimamente ligado al de otros zopilotes cabecirrojos sin marcas, de cuyos movimientos para allá y acá desconocemos totalmente. El seguimiento por satélite está ampliando nuestro entendimiento de la migración de las aves de presa a pasos agigantados, pero será hasta que podamos seguir sumultáneamente “barriadas” de rapaces, especialmente de especies altamente sociales como el Zopilote Cabecirrojo, que podremos observar “por un agujero muy pequeño” en nuestros esfuerzos por determinar qué los hace viajar de maneras tan diferentes.

Sigan en sintonía,

Keith L. Bildstein

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25 January 2010
By Corinne Kendall

When people ask you to describe another species, say a vulture or a hippo or an ostrich, they expect one answer for the whole species. What do vultures – as if every vulture were exactly the same – do? But as anyone who owns a dog can tell you, just like people, there are huge differences between individuals. Perhaps animals have personalities too. When I look at the movement of the vultures, I am usually looking for trends – one answer to describe what an entire species does. But even with only a few individuals, there can be huge differences.

Take Roger for example, he is a Ruppell’s vulture. Last week, he darted all the way from Amboseli National Park to Shompole Conservancy in Southern Kenya. First of all, this seems odd behavior. Neither Amboseli or Shompole are known for their lush wildlife at least not compared to Serengeti and Masai Mara. So it seems odd that a scavenging bird would spend so much time outside of the areas of dense wildlife. Even stranger are the differences between Roger and Rara, another Ruppell’s vulture. While Roger travelled nearly 100 miles this week, dashing between the parks, Rara sat in the same spot all week long. She moved perhaps 20 miles for the whole week, hanging out just outside of Ngorogoro Crater. How can a bird designed for such efficient long distance flight (vultures are perhaps the most efficient soaring birds in the world) just stay in the same place all week? The food there must be great.

Two birds in the bush

Just like the Ruppell’s vulture, the individual differences between the African white-backed vultures is huge. Homer took an S-shaped flight – moving from Tsavo West National Park, briefly darting down into Serengeti and then up to Masai Mara once more. He probably traveled more than 300 miles just this week. Quagmire, another tagged African white-backed vulture, took a rather different journey though he did end up in almost the same location as Homer. Quagmire spent the last week darting around the Mara and up to Narok, making one quick 40 mile trip (probably in less than 2 hours of flying) south to Serengeti, where he is currently staying.

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Living on the edge

Local Turkey Vultures

26 January 2010

The first “Hawk Mountain” Turkey Vulture of the year, a single individual, was sighted in the Kempton Valley last Tuesday (20 January).  Dan Hinnebusch and Wendy Frew, who were conducting their weekly roadside survey of raptors in farmlands directly east of the Sanctuaryspotted it about halfway through their count.  Last year’s first vultures, a flock of 11, were seen in early February.  Our last vultures of the year typically are seen in late November. 

As fate would have it, the Kempton Valley and the adjacent Kittatinny Ridge are directly north of the east-west line that demarcates the northern limits of year-round vulture residency in our area.  As a result, if I travel ten miles south of the Sanctuary you can see Turkey Vultures every month of the year, but if you turn around and travel ten miles north of Hawk Mountain it is all-but-impossible to see them between mid-December and mid-January.  Sure, individuals occasionally meander north of the line in mid-winter, but for the most part, Turkey Vultures simply are not part of the Sanctuary’s “skyscape” in late December and early January.  The reason for their predictable seasonal departure, as in all migration, is the lack of essential resources, but whether those resources are sufficient food, appropriate day-length, or reasonably warm early-morning temperatures, is not clear.  Perhaps all three factors are involved.

Living along the edge of a migratory species’ winter range is exciting.  Although many of my colleagues consider the range maps of birds to be mere abstractions of the actual distributions of the birds they study, here in eastern Pennsylvania my office sits close to the “leading edge” of the year-round distribution of the birds I study, and at this time of the year I eagerly await their arrival outside my office.    

Since we first caught “Butterball” in the summer of 2003, we have placed satellite tags on a dozen Turkey Vultures in eastern Pennsylvania, not one of which has ventured north of the Sanctuary in winter.  Some have overwintered no farther than southern Pennsylvania, whereas others have commuted to and from South Carolina, Georgia, or southern Florida.  One tagged vulture overwintered in Florida one year and in North Carolina the next. Variations in the movements of these birds, although confusing, are intriguing.  

Almost certainly, the movements of our birds make are intimately linked to those of other, unmarked, Turkey Vultures whose comings and goings we know absolutely nothing about.  Satellite tracking is expanding our understanding of the migrations of birds of prey in leaps and bounds, but until we are able to simultaneously track entire neighborhoods of raptors, especially highly social individuals like Turkey Vultures, we will at best be peering through a very small porthole in our efforts to determine what makes them move about in so many different ways.

More later.

Keith L. Bildstein

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15 de enero del 2010

Censo 4 (jueves)
Plan B. Al estar el “Blue Ridge Parkway” cerrado completamente (excepto seis kilómetros) en la ruta de 302 kilómetros que recorrimos en julio, decidimos seguir una ruta paralela, en la vertiente occidental que inicia cerca de Mars Hill, Carolina del Norte, justo al norte de Asheville en la carretera US 19, y termina en la carretera US 221 en la intersección con la interestatal 70 al norte de Galax, Virginia. A pesar de tener un cielo parcialmente despejado y temperaturas arriba de cero grados Celcius, no vimos ni un sólo zopilote hasta las 2 pm, cuando vimos el primero de nueve zopilotes cabecirrojos del día. Vemos nuestro primer Zopilote Negro 15 minutos después, y al final vemos un total de 10. Estos números se comparan con 13 cabecirrojos y 0 negros durante nuestro censo en el verano en esta misma ruta. Otra vez, aunque ligeramente, los totales de cabecirrojos son menores y los de zopilotes negros son mayores, y la abundancia relativa de ambas especies es a la inversa. La consistencia en la inversión de las abundancias relativas es todavía intrigante.

La temperatura va a estar ligeramente más caliente mañana y nos da esperanza para un buen día en la carretera.

Debo de mencionar que también contamos e identificamos animales muertos en la carretera durante nuestros censos, en parte, para ver si sus números se relacionan con los zopilotes que vemos. Después de todo, zopilotes cabecirrojos y negros se alimentan de los cadáveres en la carretera, y estos se pueden contar fácilmente durante nuestros censos. Hoy vimos un total de 17 cadáveres incluyendo un pequeño mochuelo (Megascops sp.), varias ardillas gris y pequeños mamíferos sin identificar, mapaches, un perro y un gato, y un Venado Colablanca, haciendo este censo el más “carnicero” hasta el momento. Aunque todavía tenemos que analizar los datos de cadáveres en la carretera, aparentemente no hay una asociación de estos con el número de zopilotes que contamos, aunque puede haber una relación entre los sitios donde vemos los cadáveres y los zopilotes. Les diremos cuales son nuestras conclusiones una vez que hagamos un análisis formal.

Censo 5 (viernes)
Nuestro quinto y último censo nos da el conteo más alto y confirma la inversión entre-estaciones en los números de zopilotes cabecirrojos y zopilotes negros que vemos. Aún más importante, nos da una explicación posible en estos cambios.

Vemos nuestros primeros zopilotes perchados en un grupo mixto de 13 aves, a las 9:43 am en una pequeña finca a 38 kilómetros del inicio del censo. Terminamos el día con 56 zopilotes cabecirrojos y 71 zopilotes negros, comparados con 192 cabecirrojos y 10 negros respectivamente, en julio. Una vez más, los cabecirrojos son los menos, y los negros los más, y los zopilotes negros supera numéricamente a los cabecirrojos en general. Este patrón se mantiene, pero al haber pensado en esto durante toda la semana, tengo ahora una hipótesis para explicarlo.

La literatura anecdótica -así como mi experiencia en el campo- sugiere que el Zopilote Negro algunas veces realiza incursiones hacia el norte en el medio del invierno (boreal), presuntamente en busca de cadáveres de Venados Colablanca heridos a muerte por cazadores, y fosas de entrañas dejadas por los mismos durante la temporada de caza. Esto, junto con nuestras observaciones de hoy durante el censo, de 35 zopilotes negros abarrotados en varios cadáveres de venados, me hace sospechar que el incremento en número de zopilotes negros que hemos estaso viendo se debe a esta episódica y relativamente abundante fuente de comida. Los zopilotes negros -mucho más que los cabecirrojos- se alimentan en grupo (sólo vimos individuos solitarios de Zopilote Cabecirrojo en dos cadáveres de Venado Colablanca) y, es importante anotar que los zopilotes negros dominan a los cabecirrojos en cadáveres grandes. Este “pico” de cadáveres en la región puede explicar el cambio en los números de ambas especies, al atraer a los zppilotes negros y siendo los cabecirrojos desplazados por la llegada de los primeros. Se necesita un segundo año de observaciones para confirmar este patrón, y se necesitan también observaciones adicionales del comportamiento de zopilotes en los cadáveres para confirmar el subyacente proceso (probablemente competencia interespecífica), pero así funciona la ciencia, y desde ahora estoy planeando pasar una semana a inicios de julio y a mitad de enero del año siguiente realizando estos censos otra vez para confirmar el patrón.

Aunque los resultados de esta semana no son lo que yo esperaba (ejemplo: bajos números de ambas especies), lo que Adam y yo vimos durante los últimos cinco días es mucho más interesante. Si el patrón se mantiene durante los próximos dos censos vamos a confirmar lo que muchos han sugerido, pero nadie ha documentado. Con todo y todo, ha sido una semana excitante.

Nuestros próximos censos -en la cósta Atlántica del sur de Nueva Jersey hacia Virginia, están calendarizados para inicios de Febrero. Los mantendré al tanto.

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January 11, 2010

Holiday travels

            The holidays are a busy time for us all – a time of travel, feeding, and visiting family. Perhaps it is not so different for the vultures and wildebeests in Kenya. In fact the month of December appears to have been some of the busiest time for our birds, with vultures making huge movements across Kenya and in to Tanzania. The month of December marks the small rains and the vulture movement comes with a backdrop of great travel for the the wildebeest as well as the migration moves from dry season ranges in Masai Mara back to the wet season area in Serengeti.

The Ruppell’s vultures have had some of the greatest movements during this last month and through the new year. Roger, one of our tagged Ruppell’s travelled nearly 300 km (close to 200 miles) during the month of December. He ventured from the Chyulu Hills near the Kenya-Tanzania border (although distant from Mara-Serengeti) and then moved northwest through Nairobi, Hell’s Gate, Lake Naivasha, and all the way up to Nakuru. Unlike many of the other birds, Roger didn’t spend any extended periods in any of these areas, but seemed to sample the fare in each different location for only a few days at a time. One can only wonder where the new year will take him and what things Roger may have seen on his extended travels thus far.

January 14, 2010

Holiday travels (continued)
            While Roger wandered northwest, other birds seemed to stay at home for the hol

idays or took their travels between two of the best parks in Kenya, Masai Mara National Reserve and Tsavo. Homer, one of the first adult African-white backed vultures we tagged, went from Tsavo to Masai Mara and back this last month. Unlike Roger, the Ruppell’s vulture, who spread his movement fairly evenly, Homer tended to travel quickly going from one destination to the other in only three to five days (not bad given that it is nearly 300 km each way). Interestingly he took a different route for the journeys to and from Tsavo, dipping into Tanzania during the return – perhaps the winds were move to his liking near Lake Natron for the return journey.

            But no two African white-backs are the same. Blondie, one of the whitest feathered vultures I have ever seen (possibly indicating old age as the feathers usually whitten with sun exposure over the years) chose a rather different adventure, moving from Ngorogoro crater through the homelands of Serengeti and Masai Mara, before skipping town and trying the north with travels through Naivasha, Nakuru, Nanyuki, and beyond.

            Quagmire, another African white-backed vulture, was more of a home body, spending the entire month in the Mara-Serengeti area and only venturing outside the protected area for a few days.

            But what of the Lappet-faced vultures? Lisa also decided to stay home for the holidays. This elegant Lappet-faced vulture spent the whole month of December near Ngorogoro Crater, hardly spanning 30 miles through the entire month. With the wildebeest headed in her direction, this popular Tanzanian conservation area must be a good place to get a meal.

January 19, 2010
When last we left our intrepid traveling vultures, we had noted the amazing differences between the small, gregarious African white-backed vulture, the cliff-nesting Ruppell’s vulture, and the large and solitary Lappet-faced vulture. During the last two weeks, Homer, our African white-backed vulture has continued his movements from Masai Mara to the Tsavo National Park and even moved east of the large parks towards the border of Tanzania. Roger, the Ruppell’s vulture has returned from the north. Recently, he has stayed dangerously far from the safety of the national parks and other protected areas, choosing to home in on the Athi River and Magadi area, a beautiful place of tall Acacias and flowing streams. Though only an hour outside of Nairobi (by car, not flight), Athi has a much smaller human settlement density and thus might appeal to this sensitive master of the savanna. Lisa, the Lappet-faced vulture, has moved out of Masai Mara and gone south all the way to one of the most famous and beautiful places in Tanzania, Ngorogoro Crater. Though famous for its rich fossils, including the footprints and skeletons from early humans, the Crater is also a great place for wildlife. Interestingly, the one animal you won’t find in Ngorogoro is the giraffe. Due to the steep slopes plummeting down into the crater, the long-legged and tallest land mammal has been unable to make the trip into the crater itself. Fortunately for the vulture, plenty of other wildlife, such as wildebeest, elephant, and Grant’s gazelles abound.

Homer, the African white-backed vulture heads for the coast

Roger, the Ruppell’s vulture, hangs near the big city of Nairobi

Lisa, the Lappet-faced vulture, takes a trip to the Ngorogoro Crater

January 21, 2010
Learning to fly

Lappet-faced vultures nest in trees. For the first several months of their life, the tree, the nest, and their parents are all a Lappet-faced chick knows. Each morning a chick awakes alone as the parents go search for food. From only a few meters off the ground sitting at the top of a bush or tree, often on top of a small hill, the chick might survey the area. Perhaps the chick will see a lion walk by or an acrobatic Bateleur eagle teeter left and right overhead. They will feel the wind and the rain, if there is any, beat down upon their soft white feathers. In the afternoon, the parents will hide the chick from view, spreading their six foot wingspan to shade the chick from the hot African sun. With few feathers and nowhere to go, the chick could burn without the defense of its parent. For the first few months, this is the world of a Lappet-faced chick and yet soon all of this will change.

As the long black flight feathers grow out, the chick has become a fledgling. Soon it must learn to fly. One can imagine leaping from a tree and being expected to take flight would be hard enough, but where would you go. The parents are unlikely to lead the fledgling out. Instead this young bird must discover the savanna on its own. And if it wishes to return to the nest, it must navigate its own path and find its way home.

After putting a tag on a Lappet-faced fledgling, I waited for her to take her first flight. Where would she go? How far would she venture out? What might she see as she began her new independent life – no longer in the trees, but above them?

January 25, 2010
Laila’s first flight

Laila, the Lappet-faced vulture fledgling, finally took her first flight. It was a short trip – she only travelled out about 500 m, but it was a start. She spent a few hours away and then quickly returned to the nest, exhausted for her initial use of her powerful wings. Each day the flights got a little longer, but for a while the direction didn’t change. She had decided to go north and so each day she took her baby flights, slowly moving farther and farther away from the nest. After a week, she had gone as far as two miles from her home, but continued to find her way back to the nest. This seemed to build her confidence and she tried some short movements in a few other directions, going northeast for a few flights and then west for a few trips. Then suddenly, she went north again, this time she pushed her limits, taking her longest day trip yet and traveling out nearly four miles. I wonder if she knows that someday she might travel more than ten times this distance in a single day. (When you look at the map, the nest is at one of the southernmost points where several points are lumped.)

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15 January 2010

Surveys 4 and 5 in West Virginia, Virginia, Tennessee, and North Carolina

Survey 4 (Thursday)

Plan B.  With the Blue Ridge Parkway closed for all of but 4 miles of our 188-mile July route, we decide to follow a parallel, western-slope route that begins near Mars Hill, North Carolina, just north of Asheville on US 19, and ends up on US 221 at the intersection with Interstate 70 north of Galax, Virginia.  Despite partly sunny skies and temperate in the 40s, we fail to see a single vulture until just after 2 pm, when we spot the first of 9 Turkey Vultures for the day.  We see our first Black Vulture 15 minutes later, and wind up with 10 Blacks, overall.  This compares with 13 TVs and 0 BVs during our summer survey along the Blue Ridge.  Once again, if ever so slightly, numbers of TVs are down those of BVs are up, and the relative abundance of the two species is reversed.  The consistency of the “flip” in relative abundances remains puzzling. 

Slightly warmer temperature’s tomorrow again offer the hope of a nice day on the road.

I should mention that we also count and identify road-killed animals on our surveys, in part to see if their numbers are related to those of vultures seen.  After all, both Black and Turkey Vultures regularly scavenge “road-kills,” and roadside carcasses are easy to tally during out surveys.  Today we saw a total of 17 road-killed animals including a tiny Screech Owl, several gray squirrels and unidentified small mammals, several raccoons, a cat and a dog, and a White-tailed Deer, making this by far our most carnage-filled survey.  Although we have yet to analyze our road-kill data, there appears to be no association between the numbers of road-kills and the numbers of vultures seen, although there does appear to be an association between where we see road-kills and vultures.  Once we undertake a formal analysis, I will let you know what we find. 

Survey 5 (Friday)

Our fifth and last survey yields our highest count and confirms our inter-seasonal flip in the numbers of Turkey Vultures and Black Vultures seen.  Even more importantly, it produces a possible explanation for the shifts. 

We see our first vultures, a mixed-species roosting assemblage of 13 birds, at 9:43 am at a small farm 24 miles into the survey.  We end up the day with 56 Turkey Vultures and 71 Black Vultures, compared with 192 and 10, respectively, in July.  Once again TVs are down, BVs are up, and BVs outnumber TVs, overall.   The pattern certainly holds, but having thought about it for a week, I now have a “working hypothesis” to explain it. 

The anecdotal literature– as well as my own field experience– suggests that Black Vultures sometimes make mid-winter northern incursions, presumably in search of carcasses of White-tailed Deer fatally wounded by hunters, and “gut piles” left by the same during the hunting season.  This, together with today’s observations of as many as 35 Black Vultures swarming around several deer carcasses on our survey route, leads me to suspect that the increased numbers of Black Vultures we have been seeing are due to this episodic and relatively abundant food resource.  Blacks Vultures–much more so than Turkey Vultures–are social feeders (the two deer carcasses we saw being fed upon by Turkey Vultures involved single birds) and, importantly, Black Vultures dominate Turkey Vultures at large carcasses.  The spike in large carcasses in the region could explain the shift in the numbers of both species, with Black Vultures being attracted to them, and Turkey Vultures leaving the area because of the influx of Black Vultures.  A second year of observations is needed to confirm the pattern, and additional behavioral observations at carcasses are needed to confirm the underlying process (presumably, inter-species competition), but this is the that way science works, and I now am planning to spend a week in both early July this year and mid-January next year resurveying the routes to confirm the pattern. 

Although this week’s results are different from what I had expected (i.e., lower numbers of both Turkey and Black Vultures), what Adam and I saw during the past five days is even more interesting.  If the pattern holds during the next two surveys we will have confirmed something that many have suggested, but as yet no one has documented.  All-in-all, it has been an exciting week.

Our next surveys—down the Atlantic coast from southern New Jersey into Virginia, are scheduled for early February.  I will keep you posted.

Keith L. Bildstein

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13 de enero del 2010

Censo 2 (martes)

A las 2-am un apagón de martes en el Holiday Inn Express en Lewisgurg, Virginia del Oeste me da una excusa para ver si hay nubes de tormenta. No hay ninguna y cuando vuelve la electricidad, una hora y media después, me duermo profundamente.

Me levanto a las 6 am para desayunar y conectarme al Internet, justo a tiempo para ver la primer nevada del día (10 más nos molestarán en el transcurso del día). Tres horas más tarde estamos en nuestro punto de partida en el campo ferial de Virginia del Oeste. La ruta de este martes corta hacia el oeste a través de Virginia del Oeste hacia el oeste de Virginia (si, la parte más al oeste de Virginia, se extiende hacia el oeste de la parte más al oeste de Virginia del Oeste), y termina justo al norte de Kingsport, Tennessee, donde pernoctamos esa noche.

El censo es lento al inicio, pero se anima hacia el medio día. Al momento de terminar la ruta en la frontera con Tennessee a las 3:30, hemos visto 70 zopilotes: 13 cabecirrojos y 57 negros, comparados con 148 y 22 respectivamente el julio pasado. Esta inversión significativa en la abundancia de estas especies, que se asemeja a lo que vimos en nuestro primer censo, y aún es un misterio. Cenamos en un restaurante mexicano al “estilo de Tennessee” a la vuelta de la esquina del Hampton Inn, donde hay buena -pero no auténtica- comida mexicana… Bueno, al menos la cerveza es mexicana.

El censo de mañana continúa hacia el oeste en Virginia, tan lejos como el Cumberland Gap, antes de doblar doblar al sureste hacia el noreste de Tennessee, y finalizando 40 kilómetros al oeste de Asheville, Carolina del Norte. El pronóstico del tiempo avisa que las temperaturas estarán por encima del punto de congelación por primera vez en 12 días, y que habrá sol la mayoría del día. El que los zopilotes se vayan a “elevar” a la altura de la ocasión todavía está sin responder. Nos vamos hacia el punto de inicio en Duffield, Virginia en 15 minutos.

Censo 3 (miércoles)

La mañana nos provee con un cielo azul y despejado, pero sin un sólo zopilote, hasta que llegamos a Tennessee, a las 11:32 vemos un Zopilote Negro. Un Zopilote Cabecirrojo se deja ver 58 minutos después, y para el final del día hemos visto 20 cabecirrojos y 32 negros, comparado con 93 y 8 respectivamente el julio pasado. Otra vez, los zopilotes cabecirrojos, que superaron en número a los zopilotes negros en julio, son la minoría en enero. …Nuestro patrón a la inversa continúa.

Aunque las carreteras no tienen nieve, hay evidencia de fuertes nevadas y árboles caídos, particularmente en los bosques nacionales Cherokee y Pisgah hacia el final de nuestro censo. Las podadoras de la naturaleza anduvieron definitivamente libres a inicios de enero.

La ruta de mañana cubre 302 kilómetros nor-noreste desde Asheville a Fancy Gap, Virginia, a lo largo de Blue Ridge Parkway. Bueno, al menos es lo que tenemos que hacer. La nieve y los árboles caídos cerraron la carretera al norte de Asheville, y nos veremos forzados a improvisar una ruta paralela a la que tomamos en julio pasado, al oeste del Parkway y siguiendo varias carreteras secundarias. No estoy seguro como va a resultar este “Plan B”, pero el objetivo es el de alcanzar Roakoke, Virignia al atardecer, para poder completar nuestro circuito de cinco censos en rutas regionales el viernes con una que nos llevará al Valle Shenandoah. Se espera que las temperaturas lleguen a los 10 grados Celcius (hoy casi llegan a los 10). Tal vez necesitaremos bloqueador solar.

Volveré con una actualización luego.

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11 de enero del 2010

Me levanto a las 5:30 y salgo del cuarto del hotel en Washington, Pensilvania para ver las estrellas y asegurarme que no esté nevando. Las veo y no está nevando. Vuelvo adentro con una sonrisa. Adam y yo vamos a tener un gran día.

Y lo tenemos.

Aunque nos toma unos 83.3 kilómetros para ver nuestro primer zopilote (un cabecirrojo), conseguimos ver ambas especies, incluyendo 5 zopilotes cabecirrojos y 21 zopilotes negros, a comparación de 41 y 0 respectivamente en nuestro censo el verano pasado en esta misma ruta. El número de zopilotes negros es especialmente intrigante. Al menos 15 centímetros de nieve cubren el paisaje de principio a fin. ¿De qué se están alimentando las aves ahora? Es un misterio. El candidato más cercano parece ser un ciervo. Vemos cientos de colas blancas a lo largo del camino alimentándose en cortes muy inclinados en la carretera, particularmente en los espacios donde la nieve falló de cubrir. Aunque ninguno se ve delgado, todos se alimentan vorazmente, tanto que no prestan atención a los vehículos que pasan.

Algo magnífico sobre la nieve es que ilumina a las aves por debajo gracias al reflejo de la luz del sol. Las partes inferiores de las alas de ambos zopilotes (cabecirrojo y negro) brillan en la nieve, y las de los gavilanes colirrojos lo hacen literalmente.

Nuestra primer ruta del circuito pasa también por sitios de interés histórico, como la casa de Anna Jarvis al sur de Grafton, Virginia del Oeste (Jarvis creó el día de la madre como reconocimiento a las madres y celebrar la maternidad), la casa de tarjeta postal de Pearl Buck en Hillsboro, Virginia del Oeste (Buck ganó los premios Pulitzer y Nobel por su creación literaria), y Philippi, Virginia del Oeste, aclamado como el sitio de la primer gran batalla campal, lo que puede ser una exageración en la Guerra Civil de los Estados Unidos.

Aunque los buscamos, no encontramos ningún alambique. Y aunque preguntamos en varias estaciones de gasolina, creo que nuestro acento de la costa este provocó las respuestas negativas de los lugareños, por ejemplo: “ustedes trabajan para Hawk Mountain o para los federales?”

Aún así, tuvimos un buen día.

El éxito de mañana depende otra vez del tiempo. El pronóstico dice 7 centímetros de nieve para esta noche. Y tres centímetros adicionales para mañana al medio día. Esperemos que los meteorólogos estén equivocados.

Volveré a conectarme hacia el final de la semana. Sigan en sintonia. 

Keith

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